sábado 15 de agosto de 2009

ME LEVANTO EN LA PARADA

Estaba esperando el colectivo cuándo veo aquel auto que viene disminuyendo la velocidad a medida que se va acercando. El conductor, un cincuentón de traje, algo panzón, con una calvicie pronunciada y cabello entrecano a los costados, me observa a través de la ventanilla. Reconozco esas miradas al instante. Me desnudan con los ojos, y si he de ser sincera debo admitir que no hay nada más agradable que sentirse admirada de esa manera. Me siento una estrella. Ya sé que lo único que buscan es llevarme a la cama y cogerme como si al otro día se acabara el mundo, pero acaso ¿no es eso lo que yo también quiero? Cuándo estuvo junto a la parada y creía ya que iba a detenerse, siguió sin embargo su rumbo, volviendo a acelerar y doblando en la esquina. El colectivo todavía no venía, así que le dio tiempo para dar la vuelta a la manzana y volver a pasar por donde yo estaba. Esta vez se detuvo unos metros antes. Se bajó, se acercó al kiosco, y compró un paquete de cigarrillos. A una cuadra de distancia ya veía al colectivo de la línea 50 que se acercaba. Siempre mirándome en esa forma que tanto me excita, el tipo se quedó ahí parado, abrió el atado que recién había comprado, sacó un cigarrillo, se lo llevó a los labios y lo prendió. Mientras tanto, el colectivo que había estado esperando pasó de largo, ya que no levanté el brazo para que se detuviera. Presentía que algo estaba a punto de ocurrir. Algo muy bueno, por supuesto.
Enseguida y como si mi actitud hubiese sido la señal que había estado esperando, aquel hombre se subió a su auto, avanzó unos pocos metros y se detuvo justamente en donde yo estaba.
-Hola, ¿queres que te acerque a algún lado?- me preguntó a través de la ventanilla.
Me incliné para poder verlo a través de la misma, de modo que mi escote se pronunció mucho más todavía, así que sus ojos se clavaron en esas dos montañas de carne que tengo por tetas y que palpitaban ansiosamente por debajo de mi ropa. Obvio que no fue un movimiento descuidado, sino algo fríamente orquestado para atraer aún más su atención.
-No suelo aceptar invitaciones de desconocidos- le dije, aunque manteniéndome en todo momento cerca del coche.
-Me parece bien, es una buena decisión- me dijo, haciendo un gesto de decepción.
-Pero eso es algo que puede arreglarse… me llamo Lorena- le dije entonces extendiendo la mano a través de la ventanilla para estrechar la suya.
-Roberto- se presentó, sonriéndose.
Nos saludamos con un suave apretón, y abriendo sin mayores demoras la puerta del auto me subí por el lado del acompañante.
-¿Te acerco a tu casa o vamos a tomar algo?- me preguntó antes de ponerse en marcha.
-Antes tengo que arreglar algo- le aclaré sacando el celular de la cartera.
Entonces llamé a mi hermana, la que siempre me da una mano cuándo me voy a echar un polvo por ahí, claro que ella no lo sabe, obvio, sino seguro que hasta deja de hablarme. Ella no es como yo. La única puta de la familia se llama Lorena y es muy caliente.
Cuándo me atendió le pedí por favor que pasara a buscar a los chicos y se quedara con ellos hasta que yo pasara, que tenía que resolver algo en el trabajo, me dijo que no había problema, y por suerte no me hizo mayores preguntas.
Cerré el celular, lo volví a guardar en mi cartera y mirándolo sonriente, le dije:
-Ya esta, ahora podes llevarme adonde quieras-
-Mira que después no vale arrepentirse- me advirtió.
-No soy de las que se arrepiente, eso te lo aseguro- le confirmé -Sino no me hubiera subido-
Seguro entonces de que no iba a echarme para atrás, se metió en el primer telo que cruzamos, no sin antes haberme manoseado libremente y sin restricciones dentro del mismo auto. Mientras manejaba, sosteniendo el volante con una mano, con la otra se dedicó a tocarme, yo le facilité bastante el asunto levantándome el borde de la falda y ofreciéndole el espacio necesario como para que pudiera meter la mano y acariciarme justo ahí, en donde sus dedos serían tan bien recibidos. Yo no me quedaba atrás, obvio, y mientras él me excitaba el clítoris, yo le tocaba el bulto de la entrepierna, apretándolo, sintiendo como se endurecía, como palpitaba con esa fuerza viril que ya quería sentir en lo más profundo de mi intimidad.
Entramos al telo, pasamos a la habitación, y ya a solas, se me acercó por atrás, y me abrazó, apoyándome en una forma por demás incitante. De solo sentir su paquete frotándose contra mis nalgas hizo que me estremeciera hasta en lo más íntimo, la humedad que resbalaba por entre mis muslos así lo confirmaba. Deslicé una mano por entre nuestros cuerpos y le volví a tocar tan tentador abultamiento, estaba que explotaba.
Ahí mismo, en medio de la habitación, me di la vuelta y me postré de rodillas frente a él, y mirándolo en todo momento a los ojos, le volví a frotar el bulto por sobre la tela del pantalón, para luego bajarle el cierre, desabrocharle el botón y pelar esa tremenda verga que ya pugnaba por salir de su prisión. Se la agarré con una mano, sosteniéndola firmemente y mientras se la meneaba, empecé a lamérsela, deslizándome desde la cabeza hacia abajo, y de abajo hacia arriba, una y otra vez, lamiéndosela como si se tratara del más excelso de los helados. Como no podía ser de otra manera también pasaba por sus bolas, se las envolvía con la lengua, llenándolas de baba y de besos, repuntando entonces hacia la punta, hacia la cima enrojecida y pulsante que me esperaba soltando ya unas espesas y saladas gotitas que me puse a sorber con entusiasta avidez. Entonces abrí la boca lo más que pude y me mandé hasta la campanilla aquel trozo de carne hirviente, iniciando enseguida una mamada con todas las de la ley, chupándosela ferozmente, comiéndomela hasta donde me entraba y más también, me saltaban las lágrimas de los ojos pero yo seguía, atragantándome con ese portentoso volumen que me sofocaba y me complacía a la vez. El tipo suspiraba plácidamente, disfrutando de mis labios y mi lengua en una forma soberbia, dejándose sorber divinamente, hasta que ya pareció no aguantarse más y agarrándome de los brazos me instó a que me levantara. Le di un último chuponazo, con ruidito y todo, y me levante.
Me fui desvistiendo mientras me acercaba a la cama, observando por los espejos como él también se iba sacando la ropa, ostentando en todo momento una erección digna de elogio. Tenía una verga morcillona, gruesa, con las venas bien marcadas, y una cabeza inflada y enrojecida, jugosa después de mi mamada. Ya desnuda me senté en la cama, con las piernas abiertas, y mientras lo esperaba me acaricié la concha, metiéndome un dedo apenas adentro, mojándolo en ese caldo húmedo y tibio que eran mis ganas y que ya para entonces impregnaba cada rincón de mi hambrienta intimidad. Estaba caliente a más no poder, ávida de sexo, ansiosa por que me la metiera cuánto antes, por eso me recosté de espalda y sin cerrar las piernas me entregué por completo a él, ofreciéndole en todo su esplendor esa abertura rosada mía que latía desesperada, esperando la atención que muy bien se merecía. Se acomodó entonces entre mis piernas y se puso a chuparme con unas ganas tremendas, comiéndome la concha como si de ello dependiera su subsistencia. Me metía la lengua y los dedos bien adentro, lamiendo todo mi interior, sorbiendo mi clítoris en una forma que lo hacía agrandarse mucho más todavía. Entre ahogados suspiros lo agarraba de los pelos y lo atraía aún más hacía mí, pidiéndole más y más, que me comiera toda, que me chupara bien chupada, moviendo al mismo tiempo mis caderas en torno a su complaciente boca. Me mojaba sin control, entregándome por completo a ese rito voraz y salvaje que me hacía jadear en forma descontrolada.
Entonces se levantó, se puso un preservativo, y echándoseme encima me penetró deliciosamente, haciéndome suspirar largamente a medida que se deslizaba dentro de mí, llenándome con su carne, colmándome de placeres indescriptibles, poniéndomela en el lugar preciso, allí en donde mi propia carne lo absorbía y se lo llevaba bien adentro, a lo más profundo, guardándolo y abrigándolo, proporcionándole el calor y la humedad que tal herramienta necesita. Enseguida empieza a moverse, dentro y fuera, despacio primero, aunque recuperando el ritmo de a poco, moviéndose ágilmente pese a la panza que caía sobre mi vientre, permitiéndome disfrutar de una garchada soberbia, tal como me gusta, de esas que mi cuerpo tanto reclama. Yo me movía con él, acoplándome a sus caderas, sintiéndolo rebotar en mis entrañas, proporcionándome un sinfín de gustosas sensaciones, de esas que me resultan tan indispensables.
Así, encastrados el uno en el otro, abrazados para fundirnos aún más en el cuerpo del otro, giramos hacia un costado de modo que ahora quede yo encima suyo, pero al moverme y debido a lo mojada que estaba la pija se salió por completo, enseguida la agarre con una mano y la volví a acomodar dentro de mí, iniciando entonces una enardecida cabalgata, subiendo y bajando, comiéndomela entera con mi glotona boquita de abajo, subiendo y bajando, meciéndome plácidamente, sacudiendo las tetas al ritmo de mi montada. Con el rostro esbozando un rictus extático y placentero, el tipo me las amasaba con las manos, y acercando su boca a ellas, me las chupaba y mordía, relamiendo ávidamente esa carne mía que parece inflamarse aún más en tales situaciones.
Yo también estaba en pleno éxtasis, sacudiéndome en torno a tan vigorosa herramienta, gimiendo, jadeando, suspirando, entregándome por completo a tan vibrante garche, enloquecida por sentir esa verga lo más profundo que me fuera posible. Pese a la abultada panza que tenía el tipo resultó ser bastante ágil, ya que en cierto momento me volteó hacia un costado, y así, sin sacármela, me empezó a dar con todo, yo trataba de enlazar aún más mis piernas alrededor de su cuerpo para sentirlo en todo su esplendor, para que llenara con su carne cada rincón de mi caliente y desesperada conchita. Ahí vino el primer polvo, acabamos juntos, agitándonos, sacudiéndonos, deshaciéndonos en un estallido conjunto y sincronizado, mirándonos a los ojos mientras sentíamos que nuestros cuerpos se fundían en un éxtasis completo y absoluto, en un ensueño metafísico del cuál a veces no quisiera despertar. Nos quedamos un instante ahí abrochados, sin que me la sacara todavía, disfrutando de tan voluptuosas sensaciones y entonces… se vino el segundo.
Me puse entonces de costado, sobre mi lado derecho, con las piernas encogidas, como si estuviera dormitando, mientras que él se ponía otro forro y se recostaba tras de mí, ostentando todavía una erección ideal para lo que estaba por venir. Así que estirando la mano hacia atrás y por entre nuestros cuerpos, se la agarre y la acomodé en las puertas de mi ansioso y siempre receptivo culito. Apenas sintió la presión de mi esfínter empezó a empujar, suavemente, consiguiendo meter la mitad sin demasiada dificultad, me abrí todavía más calzando una pierna por encima de las suyas de modo que entró todo el resto, plantándose en mis intestinos, atravesándome en esa forma que resulta tan plácida y satisfactoria. Entonces me aferró de la cintura y empezó a moverse en la forma precisa, de atrás hacia delante, haciéndomela sentir en las tripas, fluyendo dentro de mí una y otra vez, y con cada ensarte parecía que me entraba un poco más, me estaba desfondando el ojete pero me gustaba, sacudiendo también mis caderas al ritmo de sus movimientos, le agarre una mano y la lleve hacia mis pechos, me gusta que me aprieten bien las tetas, que me las amasen, que me pellizquen mientras me culean a todo trapo, y así entre gemidos y jadeos, y ensartes cada vez mas fuertes, llegamos a un nuevo orgasmo, una explosión emotiva y fragante que me (nos) envuelve con sus deleitables sensaciones.
Luego ese mismo hombre, el que me levantó en la parada del colectivo, me acercaría hasta la casa de mi hermana, en donde retiré a los chicos y fui a mi casa para preparar ya la cena. Feliz de la vida por sentirme tan bien cogida.

7 comentarios:

  1. k riko amor em gusto lastima k estes mui lejos de mi, si no yo pasaria diario a cogerte y recogerte me enkantas por madura caliente y puta besos cuidate

    ResponderSuprimir
  2. SIEMPRE ME IMAGINE QUE DEBERIAS SER HERMOSA Y ESA FOTO ME SACA TOTALMENTE DE DUDAS APARTE DE BUENISIMA ESTAS HERMOSISIMA MAMACITA, NO ME CANSO DE VERTE Y DE ADMIRARTE, TIENES UN CUERPO QUE SE LE PARARIA HASTA AL MAS IMPOTENTE Y CON ESA CARITA, MMMMMMM ME ENCANTAS PRESIOSA, ERES MI FANTASIA.
    SIGUE ASI DE PUTITA POR FAVOR, SIGUE PUBLICANDO FOTOS Y LO MAS IMPORTANTE TUS VIVENCIAS.

    ResponderSuprimir
  3. lorena tus relatos me ponennnn jum

    por favir no dejes de compartirnos esas vivencias

    ResponderSuprimir
  4. Lore,
    deliciosa y caliente como siempre, me pones a mil
    gracias por compartirlo y dejarte ver lo rica que estas

    ResponderSuprimir
  5. La única puta de la familia se llama Lorena y es muy caliente.Uy que relato Mi Diosa, cuidado lo dejabas el ruckito KO. Jejeje lo habrás dejado leña. Y de seguro ni habrá podido dormir aquella noche recordando cada instante junto a ti.

    Tuvo suerte de encontrarte en esa parada. Como tú no dices No! … ahora los lectores con coche irán a buscar a todas las mujeres en las paradas haber si te ubican jejeje suerte a ellos…

    Tu Lideraly =)

    ResponderSuprimir
  6. que rico sera llenarte de leche tu conchita, gracias por compartir tu vida

    ResponderSuprimir
  7. putaaaaaaaaaaaaaaaaaa

    ResponderSuprimir