domingo 3 de mayo de 2009

EDUARDITO

Eduardito es el hijo de Elsa, mi vecina. Yo lo llamo Eduardo, pero para ella siempre va a ser “Eduardito”, aunque tenga cincuenta años. Por ahora tiene 17 recién cumplidos y es un chico más bien tímido, esos típicos nenes castrados por una madre dominadora que no lo deja ni a sol ni a sombra. No la culpo, ya que es viuda y al no tener a su marido como que se aferró aún más a su hijo, mucho más de lo aconsejable, ahogándolo prácticamente, impidiéndole llevar adelante su propia vida. La primera vez que lo vi me di cuenta de lo incómodo e infeliz que se sentía con toda esa situación. Me dio pena pero no podía hacer nada por ayudarlo, por lo menos no en ese momento, ya que se lo notaba bastante retraído, como avergonzado por todo, y cuándo le hablaba apenas respondía con algún monosílabo.
Sin embargo algo se me empezó a ocurrir una tarde de domingo en la que ambos, madre e hijo, vinieron a casa a comer un asado. Hacía calor y yo, obviamente, estaba vestida de entrecasa, con una bermuda y una blusa, eso sí, algo escotada, como es mi costumbre, detalle que no se le escapó en lo absoluto al bueno de Eduardito. De a ratos lo sorprendía espiándome el escote, pero claro, no le decía nada, no era mi intención intimidarlo, aunque cuándo no estaba ni su madre ni mi marido cerca aprovechaba para inclinarme de cierta forma en la que se me pudiera ver algo más de lo habitual, o sino también pasaba cerca suyo y lo rozaba a propósito con mis tetas, tratando de ver como reaccionaba a mis estímulos. No me decía nada, claro, pero me daba cuenta de que algo sentía.
Luego mientras almorzábamos se me ocurrió preguntarle si estaría interesado en ayudarme a hacer algunos trabajos en su tiempo libre, para lo cuál le pagaría, claro. Como no podía ser de otro modo su madre respondió por él.
-¿Qué te parece Eduardito?, sería una buena forma de ir juntando tu propio dinero-
Él no sabía que decir, por un lado pensé que se entusiasmaría con la idea de tenerme cerca, sin su madre en los alrededores, pero por el otro no se decidía a aceptar nada sino hasta después de contar con la venia de su madre.
-Me parece una buena idea Lore, ¿cuándo te gustaría que viniera Eduardito a ayudarte?- me pregunto ella, como siempre, tomando por sí misma las decisiones que tendrían que ser de su hijo.
-En la semana cualquier día a la tarde- le dije, y no se habló más del tema.
Un par de días después, cuándo llegaba del trabajo, recibo una llamada suya al celular. Eduardito venía para casa, y me pedía encarecidamente que le avisara cuándo terminara y ya se estuviera volviendo. Por supuesto le dije que si, que la mantendría al tanto.
Ni bien llegué a casa me puse una ropa más acorde a la situación que deseaba experimentar. Un short y una blusa con un escote bastante pronunciado, de esos que usaría para seducir a un hombre e incitar en él sus más atrevidas fantasías. Bueno, eso mismo pensaba hacer con el bueno de Eduardo, hacerlo reaccionar de una buena vez, y nada mejor para ello que mi propio cuerpo.
Cuándo llegó ya lo estaba esperando con la euforia lógica de quién esta a punto de vivir una experiencia distinta, diferente, algo que puede darse solo en contadas ocasiones. Lo saludé con un beso, lo lleve adentro de la casa y le dije con que quería que me ayudara. Agarré unas tijeras de podar y le pedí que me acompañara al jardín.
-Necesito podar esas hojas- le dije señalando el árbol que ya tenía unas ramas que llegaban incluso hasta la ventana del cuarto de los chicos.
Eduardo no decía nada, solo asentía con la cabeza, aunque me daba cuenta que no se perdía detalle del escote que me había puesto solo para él. Le indique entonces que agarrara la escalera y subiéndose a la misma podría podar las hojas más altas sin mayores problemas. Así lo hizo, siguiendo siempre mis indicaciones al pie de la letra, sin emitir ni un sí ni un no. Si desde abajo el escote de mi blusa ya era un espectáculo digno de admiración, imagínense desde arriba desde la escalera. Aunque trataba de concentrarse en su tarea, le era prácticamente imposible con aquellas montañas de carne palpitando tan cerca. 95 centímetros, recuerden. Sabiendo desde ya en lo que podía desencadenar toda esa situación comencé a excitarme en esa forma que ustedes ya conocen muy bien, y más aún cuándo empecé a notar cierta respuesta de su parte. Una erección, un leve aunque consistente abultamiento a la altura de la bragueta. En ese momento llevaba puesto un pantalón de gimnasia, para trabajar más cómodo, por lo que pese a sus intentos le resultaba por demás imposible ocultar tan consistente reacción.
Tras un rato y viendo ya que la carpa que ostentaba iba a romperle el pantalón en cualquier momento, le pedí que bajara, que hacía bastante calor y que necesitábamos tomar algo fresco, aunque claro, mi repentino acaloramiento no se debía en lo absoluto a la temperatura del ambiente, y supongo que el de él tampoco. Le sostuve las tijeras para que pudiera bajar y entramos a la cocina. Serví gaseosa para los dos, y me le quede mirando, divertida con ese atrayente bulto que se le marcaba tan tentadoramente.
-¿Tenes novia?- le pregunte entonces, sabía que no pero la pregunta bien valía para empezar alguna clase de conversación.
Negó con la cabeza, avergonzándose con la situación, el lucir semejante erección frente a la mejor amiga de su madre. Claro que yo no pretendía intimidarlo y mucho menos asustarlo, por lo que fingía como que no me daba cuenta de ello. Me parecía que lo mejor era dejar que las cosas fluyeran de forma natural, aunque pronto me di cuenta de que si dejaba fluir bastante iba a terminar quedándome con las ganas y Eduardito iba a seguir virgen como hasta entonces, porque no tenía duda de eso, me jugaba a que todavía era virgen.
Cuándo terminó la gaseosa y consideró que ya era tiempo de volver al trabajo, aproveché ese momento, al agarrar su vaso, para lanzarme de lleno, corría el riesgo de que se asustara y saliera corriendo a los brazos de su mamita, pero el intento bien valía la pena. Como tantas otras veces su mirada se clavó en mis pechos, abarcándolos con unos ojos ávidos y voraces.
-¿Te gustan?- le pregunte entonces.
No supo que contestarme. Tragó saliva, se enrojeció y se quedó ahí, mirándome, como si estuviera a punto de darle un ataque.
-No te preocupes, es algo normal mirarlas, no tiene nada de malo- lo tranquilicé –Además a mí me encanta que me las miren, y sobre todo me gusta como me las miras vos- le dije con una sonrisa, tratando de sacarle el susto que se había pegado.
Debía actuar con cautela, ya que sabía muy bien que de mí dependía la felicidad sexual futura del hijo de mi amiga. Así que me le paré adelante, lo miré con cierto instinto maternal, y le pregunte si quería que se las mostrara.
Obviamente que quería que si, pero titubeó, no estaba acostumbrado a tales situaciones, por lo que se quedo callado, absorto aunque atento a lo que pudiera suceder de allí en más. Así que decidí por él. Me bajé el escote de la blusa y como no me había puesto corpiño mis pechos asomaron imponentes y voluptuosos antes los ya desquiciados ojos de Eduardito. Se le caía la baba del gusto pero no se atrevía a hacer nada más que mirármelas, tratando, quizás, de recordar cada detalle de lo que veía para futuras pajas.
-Podes tocármelas si queres- le dije, dándole ya vía libre para ir más allá de lo que podría haberse imaginado alguna vez.
No quiso. Pero le insistí.
-Dale, me gusta que me las toquen, sino no te lo pediría-
Entonces extendió una mano y me tocó una, solo una, suavemente, como si tuviera miedo de hacerme daño. Para empezar no estaba del todo mal, por lo menos se estaba animando a hacer algo que ni en sus sueños se imaginaba: meterle mano a la amiga tetona de su madre.
-A mí también me gustaría tocar algo, ¿puedo?- le dije echándole una rápida mirada a su abultada entrepierna.
Como no dijo ni que sí ni que no, di por sentando que aceptaba, así que mientras él seguía fascinado con mis gomas, por mi lado empecé a acariciarle tan tremendo paquete, sintiendo ya esa consistente dureza que amenazaba con explotar de un momento a otro. Teniéndolo ya en donde quería, me animé a ir por más. Metí entonces la mano dentro de su pantalón y atrapé en carne viva aquel suculento pedazo que ya desde hacia rato llevaba marcado a fuego mi nombre.
-¡Mmmmhhhhh… que dura!- susurré tiernamente al aprisionarla entre mis dedos.
Se la apreté un poquito y pareció acusar el impacto ya que se sobresaltó, pero igualmente se quedó ahí, en donde estaba, disfrutando del momento que le estaba regalando. Contando entonces con todo su buena predisposición al respecto, se la saque afuera, comprobando en efecto que ya de “Eduardito” no tenía nada, e hincándome de rodillas ante él, en el mismo piso de la cocina, como seguramente jamás imagino tenerme, me puse a besársela y a lamérsela por todos lados, me la pasaba por las mejillas, por sobre los labios, hasta por los ojos, sin llegar a comérmela todavía, sintiendo como aquella prodigiosa dureza se intensificaba cada vez más. Pero primero lo primero, me dije, y bajé hasta sus huevos para devorárselos, eso me encanta, ustedes saben, podría decirse que soy una “adicta testicular”, me encanta besarlos, chuparlos, lamerlos, y los de Eduardo me resultaban una delicia absoluta, me los metía de a uno en la boca, los dos juntos, con pelos y todo, para después sí subir con la lengua por la vena central y al llegar a la punta, a ese glande enardecido, todo jugoso y suculento, abrir la boca y comerme un buen pedazo, iniciando entonces una mamada que ni en sus más osadas fantasías hubiera imaginado recibir alguna vez. Con una mano se la agarraba por la base, sosteniéndosela firmemente, meneándosela también, mientras que con la otra me tocaba a mí misma, sintiendo ya como la humedad de la lujuria comenzaba a correr por entre mis muslos. El placer que puedo llegar a sentir en esos momentos resulta indescriptible, hay que vivirlo para entenderlo. Y por suerte yo puedo vivirlo constantemente, como en ese momento con el hijo de mi amiga.
Obviamente que al no estar acostumbrado a tales emociones Eduardo acabó enseguida, me acabó en la boca, ya que no se la solté ni por un segundo pese a sentir esos inequívocos estremecimientos que anunciaban la inmediata disolución, la contuve entre mis labios recibiendo chorro tras chorro de leche, tragándome todo, absolutamente todo, hasta la última gota, empalagándome con ese líquido vital que Eduardo soltaba en cantidades verdaderamente industriales. Pese a la violenta descarga me quede prendida de su pulsante verga, frotándosela y chupándosela con entusiasmo, relamiéndome gustosa, saboreando tan elemental elixir, como si de su suministro dependiera mi existencia.
Cuándo me levanté, la boca rebalsando de semen, miré la hora en el reloj de la cocina. Todavía faltaba un buen rato para ir a buscar a los chicos al colegio, y Eduardo seguía tan duro y alzado que se merecía completar aquel encuentro de la forma adecuada. Así que tragué lo que todavía tenía en el paladar, lo tomé de la mano y lo conduje hacia mi dormitorio, yo con las tetas al aire, los pezones endurecidos, él, con la pija bien parada bamboleándose vigorosamente entre sus piernas.
Pero lo que pasó allí, en mi propio lecho matrimonial, se los cuento otro día, si es que me lo piden claro. Para eso dejen comentarios y escríbanme, sino lo dejamos así.

7 comentarios:

  1. claro que quiero que lo escribas, me encanta la espera pero que no sea tanta porfavor, bay chula

    ResponderSuprimir
  2. Hola bonita, Muchas gracias por esta sorpresa.. QUEEE FOTOS.. simple mente estas buenisima.. y claro que nos gustaria que nos comentaras sobre como termino el encuentro con ese chico.. y mas aun .. q nos cuentes. TODOOOO y TODAAAS TUS COSAS no nos abandones tanto aqui seguimos al tanto de tu blog un saludo bonita

    ResponderSuprimir
  3. me matan estos relatos amor, me dejas al palo
    te mande algunas fotos, avisame si las recibiste.

    ResponderSuprimir
  4. gracias por publicar fotos de tus ricas y grandes tetas, me gustaria verte parada como en las fotos del bikini blanco, pero sin el bikini claro esta.
    Esque estas riquisima que cuerpaso te cargas mamita, felicito a todos aquello que han tenido la fortuna de pegarte un buen polvo.
    y continua con tu relato, cuentanos que te hizo el suertudote de Eduardo, como terminaron la faena ese dia.
    te mande unas sugerencias a tu mail, ojala y te sirvan para tu blog.
    es para que tus fotos se vean mejor, esque me gusta deleitarme la vista con tu hermosa figura.
    no dejo de imaginarme como seria tener ese cuerpecito a mi lado, cogiendo de lo lindo.

    ResponderSuprimir
  5. Me gustó muchisimo!!! espero con ansiedad la proxima entrega.

    ResponderSuprimir
  6. Envidia ajena me dio EDUARDITO de tener frente a el tremenda hembra con los senos al aire y su boquita en su paquete tomándoselo todito sin que una gota de lo mas profundo de su ser se perdiera .ahí lore eres tremenda…empieza muy rico el relato

    Besitos

    LIDERALY =)

    ResponderSuprimir