Mientras caminábamos hacia el dormitorio, Eduardo iba con la mirada perdida, como si estuviera viviendo un sueño, como si estuviera dentro de una fantasía que no quería que terminase nunca. Yo sentía lo mismo, era como la maestra guiando a su alumno predilecto hacia un nuevo nivel de enseñanza, a un paso casi de la graduación.
Entramos, cerré la puerta y también las ventanas, aislándonos de todo y de todos, apartándonos del mundo, por ese momento solo seríamos él y yo, los dos solos, sin importar nada más.
Ni bien entramos me desnudé por completo, dejando la ropa regada por el suelo. Pero como él no se animaba a hacer lo mismo lo ayudé a decidirse, sacándole prenda por prenda, sobando su cuerpo adolescente que clamaba a gritos por una mujer.
Nos acostamos y empezamos a besarnos, mejor dicho yo lo besé, ya que por su inexperiencia no sabía como proceder, aunque supo responderme en la forma esperada, rozando su lengua con la mía mientras seguía con sus manos adosadas a mis pechos, como si se hubiera adueñado de ellos.
Luego del beso hice que se acostara y volví a emprenderla contra su verga, la que seguía bien dura y enhiesta, colmada de vigor y virilidad, ostentando un tamaño que me parecía aún mucho más imponente que antes. No me cabía duda de que cuándo aprendiera a usarla Eduardo haría feliz a muchas, muchas mujeres. Y yo tendría el honor de ser la primera.
Como ya antes había tenido una muy buena descarga, esta vez pude entretenerme un largo rato con su verga, chupándosela, sobándosela, lamiéndola a lo largo y a lo ancho, recorriéndola desde la base hasta la punta, una y otra vez, ya les dije que de Eduardito no tenía nada por lo que había mucho para recorrer y yo lo hacía con el mayor entusiasmo, yendo y viniendo, deslizándome con labios y lengua por esa superficie acerada que quemaba como el mismo infierno. Escuchar la forma en que suspiraba, complacido a más no poder por mi loable trabajo bucal, era mi recompensa.
También jugueteé un rato con sus bolas, las cuáles, pese al reciente estallido, seguían duras y llenas, rebosantes, como a mí me gustan. Ustedes saben, son mi gran debilidad, mi manjar predilecto, el fruto más sabroso sobre la faz de la Tierra, me gusta olerlas, besarlas, chuparlas, lamerlas, acariciarlas, sentirlas palpitar en mi paladar, me gusta enredar mi lengua con los pelitos que las envuelven. Y eso precisamente le hacía a Eduardo, me empalagaba con esos bombones carnosos y turgentes que parecían disolverse en mi boca. Me apropiaba de ellos sin dejar de frotarle la pija, empapándome las manos con ese pegajoso fluido que brotaba incontenible. Me pasaba la mano empapada en leche por la cara, lamiendo ese líquido espumoso, tan cálido, tan gustoso, tan… tan… tan lechoso. Me lo pasaba también por la concha, humedeciéndome los labios con él, aunque esa parte de mi cuerpo hacia rato que ya estaba bien húmeda.
La verga de Eduardo vibraba, se estremecía, se sacudía en violentos espasmos, ansiando ya ese supremo instante de placer que desde hacia rato le venía prometiendo. Ya basta de chupar, me dije entonces, y vamos a la acción. Acostado como estaba me le subí encima, a horcajadas, y sosteniéndole la verga con una mano me la acomodé ahí en donde sería tan bien recibida. Resbaló como un cuchillo caliente en la manteca y es que estaba tan mojada, tan caliente, que me hubiera entrado hasta la de un burro, pero la de Eduardo me era suficiente, sobre todo cuándo empecé a moverme y a sentir esos golpes que me retumbaban hasta en la nuca cada vez que me llegaba al fondo.
-¡¿Te gusta?!- le pregunte entre suspiros mientras me movía arriba y abajo, balanceando mis gomas delante de sus desbordados ojos.
Fiel a su costumbre no dijo nada, aunque tampoco hacia falta, la expresión de su rostro lo decía todo.
Seguí moviéndome, sin detenerme, cambiando de ritmo de a ratos, ensartándome bien hasta los pelos toda esa bien provista verga que se adecuaba más que perfectamente a las dimensiones de mi sexo, como si pese a la diferencia de edad estuviésemos hechos el uno para el otro, así resbalaba por mi interior, guardándose en los más profundo, encastrándose una y otra vez en toda su magnitud, llenándome de carne, de venas, de virilidad, colmándome de satisfacción, prodigándome un goce que no se podía comparar con ninguna otra cosa, era su primera vez y eso valía mucho, me estaba convirtiendo en su primera mujer, la primera de todas, la que recordaría hasta mucho tiempo después de aquella tarde, la que dejaría una profunda huella no solo en su memoria sino también en su corazón.
Entre plácidos suspiros yo subía y bajaba, no paraba, me agitaba en torno a ese músculo rígido y cada vez más hinchado, al que sentía mucho más grande todavía, palpitando, retumbando en mi interior, contagiándome el fuego de su pasión adolescente. Me incendiaba toda por dentro, me quemaba, me prodigaba una sensación que era puro vértigo, pura lujuria, pura locura. Me mojé en plena cabalgata, aunque no cedí en mi búsqueda de una Gloria aún mucho más Intensa y Suprema.
Luego de un buen rato consideré que ya era momento de enseñarle a tan aplicado alumno algo más de las artes del amor, así que me bajé y poniéndome en cuatro le dije:
-Ahora me vas a dar vos a mí-
Le indique como tenía que ponerse, y lo hizo, siguiendo mis precisas indicaciones al pie de la letra, con su verga bien parada, como una estaca buscando en donde clavarse, que era lo que yo estaba a punto de ofrecerle, un húmedo y caliente objetivo. Levanté bien la cola y esperé, esperé a que me la metiera, claro, y me la metió, ni tuve que decírselo, por él mismo buscó el estuche para su sable y me la mandó a guardar hasta lo más hondo, llenándome hasta el último rincón disponible con su magnífico volumen, pero se quedó ahí, sin moverse, como esperando a que yo lo hiciera. Y un poco me moví, pero enseguida le dije:
-¡Ahora movete vos mi amor, adentro y afuera, sin sacármela del todo, mandámela hasta los huevos- le precisé.
Y así lo hizo, empezó a moverse, despacio primero, pero cobrando mayor ritmo a medida de que se iba dando cuenta de lo placentero que resultaba, no solo para él, sino para mí también, hasta que de pronto ya estaba dándome con todo, cogiéndome con un ímpetu desquiciado, irrefrenable, Eduardo se había convertido en todo un hombre y actuaba como tal, con sus manos me aferraba de las caderas, apretándome las carnes mientras me embestía con todo, haciéndome sentir en lo más profundo la contundencia de su bien dotada verga. Aunque hacía ya un buen rato que estaba meta darme, sin detenerse, seguía bien duro y erguido, y yo lo disfrutaba, claro, y de que manera, entregándome por completo a su aún incipiente lujuria adolescente. Sentía su verga retumbando en mis entrañas, sus jugos mezclándose con los míos, sus gemidos confundiéndose con los que yo también exhalaba, pero por sobre todas las cosas sentía la pasión de su recién iniciada sexualidad. En verdad ya sentía envidia por sus futuras amantes, las cuáles, gracias a mi bienintencionada entrega, habrían de disfrutar de unos polvos magistrales, como los que yo me estaba echando en ese momento. Estaba en pleno éxtasis, gozando a más no poder, sumida en una arrobadora agonía que me situaba en las puertas mismas del Paraíso. Tras unos cuántos ensartes sentí que Eduardo estaba al borde de una nueva descarga, se estremecía todo y hasta jadeaba mucho más fuerte, aunque seguía dándome como si recién empezara.
-¡Dejámela adentro… no me la saques!- le pedí cuándo presentí el abrupto e inminente final.
Y no me la sacó. Me la dejó adentro, bien clavada en lo más profundo, y siguió dejándomela ahí mientras soltaba chorro tras chorro de esperma. El hijo de mi amiga me llenó de leche, pero no se asusten, después de Pablo empecé a cuidarme de nuevo, sin que mi marido lo sepa, claro. Por eso podía disfrutar de ese balsámico derrame que supo rebalsar hasta el último rincón de mi concha siempre caliente y hambrienta de pija.
Me quede un buen rato ahí tendida, con Eduardo todavía encastrado adentro, vaciándose hasta la última gota, regalándome un sinfín de sensaciones por demás intensas y emocionantes. Cuándo me la sacó sentí un gran vacío en mi interior, como si me faltara algo, como si de repente me hubieran extirpado un órgano vital, indispensable para mi subsistencia.
Rápidamente giré hacia Eduardo y lo besé en la boca, lo besé por un largo rato, enredando mi lengua con la suya, y mientras lo besaba sentía como la leche que recién me había soltada adentro se derramaba por mis muslos, empapándome las piernas con su deliciosa pegajosidad.
-¡Estuviste increíble!- le aseguré, elogio que viniendo de alguien con tanta experiencia como yo bien tiene que valer el doble.
No tengo dudas en que después de lo vivido esa tarde Eduardo terminará convirtiéndose en todo un semental. Un hombre que sabrá complacer a cada mujer que tenga la dicha de estar con él y disfrutar de esa verga maravillosa que yo tuve la fortuna de estrenar.
Con la concha todavía pulsando por los espasmos de placer que me había regalado, lo acompañe hasta la puerta y tal como le había prometido a su madre, la llamé para avisarle que su hijo ya iba de regreso.
-¿Y, como se portó Eduardito?- quiso saber.
-Maravilloso, ni te lo imaginarías, hizo todo a la perfección- le aseguré.
-Si, es un chico excelente- se regocijó ella.
Chico era el que había salido de su casa hacía un par de horas, el que volvía ahora ya era todo un Hombre.
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Wow.. lorena. q relato. y mas aun queeee FOTOOOOSSS.. estas riquisima mujer.. q envidia me da el no poder yo ser uno de tus amantes.. tienes un cuerpo riquisimo digno de una mujer CALIENTE Y CACHONDA como tu .. aqui seguimos al pendiente de ti bonita
ResponderSuprimirque caliente que me pones.. que ganas de cogerte bien
ResponderSuprimirUfffaa!!!, una obra de arte¡¡¡Viva la fornicación!!!, habrá más? ;)
ResponderSuprimirLorena hermosa eres una hembra bellísima, escultural, super sensual. Tus relatos son sensacionales, me encantó leerlos por su erotismo delirante y su fina morbosidad. Te felicito. Veluardo.
ResponderSuprimirUfff increíble relato, quien fuera Eduardito...
ResponderSuprimirhola lorena saludos desde tandil, aca quede muy caliente despues de leer tus relatos y de ver tus fotos, no puedo agregar tu direccion de mail ya que no me dea, asi que yo te dejo la mia sergio_battousai@hotmail.com
ResponderSuprimirbesos en esas terribles tetas y esa concha jugosa que tenes!!!
sergio de tandil!!!
hola hermosisima, una vez mas gracias por compartirnos tus vivencias, me encanta la forma en que relatas, expresas tu caliente personalidas con cada palabra, no me canso de leerte, continua por favor, sigue publicando tus fotos, y si puedes, agrega un video, me atrevo a pedir en nombre de todos los que te admiramos, adoramos, y deceamos, haz un streep tease y subelo aqui seria increible ver ese rico cuerpecito en movimiento.
ResponderSuprimirLore, twngo ganas de meterte la pija hasta el fondo y sentir como golpea mi cuerpo contra el tuyo, mi pija se pone como el ovelisco de dura bb..
ResponderSuprimirBeso
MSN: waltermillan@live.com
ResponderSuprimirTuve la suerte de ver un relato tuyo en otro sitio y poder seguirte hasta aqui, me declaro de hoy en adelante un ferviente (y caliente) admirador tuyo, tus relatos están increibles y me apodero de ellos teniéndo la imagen de tu cuerpo de diosa como protagonista. Seguiré en espera de la actualización de tu blog, besos Lorena.
ResponderSuprimirMiss Lore, yo también quisiera ser su alumno como Eduardito, y aprender las artes del amor llevarlas a la practica sabiendo la teoría que tu miss dictas seguro me tomarías exámenes orales a la perfección magistrales en donde debo de dar mi mayor esfuerzo para tener una A. no quiero reprobar con sus conocimientos llegar a graduarme como su mejor alumno miss Lore.
ResponderSuprimirCon una maestra con post grado en las artes del amor cualkiera pasa los exámenes luego jejeje…que envidia sana me dio tu alumno Diosa. Como decimos quien puede, puede y el que no Mira o lee jeje…
HOLA, LORENA ERES ESTAS MAS BUENA D LO Q IMAGINABA; YA T AGREGUE A MI CORREO Y T MANDE 1 MENSAJE ESPERO Q NO T MOLESTE Y ME PUEDAS CONTESTAR!!
ResponderSuprimirhay lorenita lorenita, que caliente eres, me gustaron un chingo tus relatos, tanto que en estos momentos la tengo bien dura.
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