domingo 19 de abril de 2009

EL TIPO DE LA EMPRESA DE TRANSPORTE

Aquel día salí antes del trabajo. Quería tener un rato libre antes de retirar a los chicos del colegio. Estaba muy, pero muy caliente, y presentía que algo iba a pasar, y por supuesto quería que pasara con ese tipo que veía todas las tardes parado frente al portón verde de la empresa de transporte. Me tenía loca. Me mojaba de solo verlo, y más cuándo me miraba de esa forma tan “penetrante”, como desnudándome con la mirada. Si hasta parecía que en cualquier momento se me iba a echar encima para violarme en plena calle, delante de todo el mundo. La idea no me desagradaba en lo absoluto, se los aseguro.
Ya desde la esquina lo vi ahí parado, como siempre, fumando un cigarrillo, esperándome seguramente. Cuándo vio que me acercaba se preparó para hablarme y les juró que cuánto más se reducía la distancia que nos separaba, más se me endurecían los pezones. Ya ardía en mí el fuego de la pasión. Ese mismo fuego que ustedes tanto conocen.
Todos esos síntomas que aparecen cuándo estamos calientes se hacían presentes en mí. Respiración agitada, palpitaciones, calor, esa densa humedad que a la vez sirve de efectivo lubricante permitiéndonos disfrutar de lo que tanto nos gusta. Todo junto se desencadenaba en mi interior. Si seguía así no iba a poder disimular demasiado.
Cuándo pasé frente a él me saludó, lo saludé también, solo que en vez de seguir mi camino, como lo hacía siempre, disfrutando la forma en que me miraba el culo, como si quisiera partírmelo al medio, me detuve y empecé a hablarle, de cualquier cosa, no me pregunten de qué, lo único que quería era iniciar una conversación, cualquiera que esta fuera. Sin embargo debió de darse cuenta que estaba caliente con él, ya que enseguida me invitó a pasar adentro. Me reí cuándo me lo dijo.
-¿Y porque querría entrar?- le pregunte dándome cuenta entonces de que no había sido demasiado disimulada con mi calentura.
-No sé- se encogió de hombros –Pensé que podría interesarte el lugar-
-¿Hay algo interesante para ver?- le seguí el juego.
-Podría haberlo- se hizo el misterioso.
Miré hacia ambos lados de la calle para asegurarme de que no hubiera nadie conocido cerca y asentí:
-Esta bien, voy a entrar, pero solo un ratito, eh-
-Un ratito es más que suficiente- me advirtió.
Arrojó el cigarrillo hacia la calle, exhaló la última bocanada de humo y abrió aquel portón verde de metal que tantas veces había ansiado traspasar. Entré yo primero, él detrás de mí, cerrando la puerta con un fuerte golpe. Adentro estaba todo en penumbras, la única luz disponible era la de sol que se filtraba por los ventanales del techo. El lugar era algo así como un depósito, había cajas apiladas por aquí y por allá, bases de maderas, bolsas y una plataforma a la cuál se accedía por una escalera en donde se acercaban los camiones para descargar la mercadería. Mientras estaba ahí parada, contemplándolo todo, el tipo se me acercó por detrás, me aferró de la cintura y me apoyó de una manera que me hizo estremecer. Si antes estaba caliente, ahora que sentía entre mis nalgas la comba endurecida de ese fulano perdí totalmente la cabeza, me dejé llevar por la lujuria, revelándome como la puta que soy.
Me di la media vuelta, me colgué de su cuello y empecé a besarlo con desesperación. Él igual, enlazando su lengua con la mía, sentía en mi paladar el sabor del cigarrillo que se había fumado un rato antes, y sus manos que ya sin control resbalaban por todo mi cuerpo. Nos frotamos el uno contra le otro, ansiosos, excitados, como dos animales salvajes que se dejan arrastrar por el instinto sin importarles nada más.
En pleno refriegue me bajó de un fuerte tirón el escote del vestido descubriendo en plenitud mis pechos llenos y temblorosos, me los agarró con las dos manos y se puso a chupármelos con frenesí, mordiéndome los pezones, estirándomelos como si quisiera arrancármelos de la piel. Me dolía pero no me importaba. Cuándo estoy así de caliente dejo que me hagan lo que quieran. Todo esta permitido. En esos momentos de álgido placer mi cuerpo se convierte en zona liberada, y por lo visto aquel sujeto estaba dispuesto a aprovecharse de cada centímetro.
Para entonces yo ya había empezado a sobarle el paquete, sintiendo como se endurecía cada vez más, como crecía y palpitaba, como se tensaba debajo del pantalón. No podía dejarlo así. Ahí mismo le bajé el cierre, le desabroché el botón, y con esa experiencia que solo la práctica constante puede proporcionar, le pelé la pija y la sostuve por un momento entre mis manos, admirándola, deseándola, como la había deseado por todo este tiempo. Era una verga gorda y morochona, con las venas bien marcadas, la cabeza roja y palpitante, ya humedecida, así que empecé a lamérsela desde abajo, desde las bolas, mi parte predilecta, besándolas, oliéndolas, llenándome los sentidos con ese aroma tan embriagante y excitante a la vez, subiendo despacito por el tronco principal, quemándome la lengua con esa piel que ardía tanto como la mía.
Al llegar a la cima le besé la puntita y abriendo la boca me comí un buen pedazo, iniciando entonces una chupada fenomenal. El tipo suspiraba complacido, elogiando el trabajo que realizaba con mis labios, confesándome al mismo tiempo lo mucho que había deseado tenerme así, a sus pies.
-¡Yo también, hacia rato que me moría por chupártela!- le dije sacándomela brevemente de la boca, pero para volver a metérmela bien hasta el fondo de la garganta al terminar la frase.
En cierto momento me agarró de los pelos y comenzó a moverse por entre mis labios, cogiéndome por la boca, haciendo rebotar su glande contra la campanilla de mi garganta. Sentía que me llenaba con su carne, la que ya estaba embadurnada en sus propios jugos y en mi saliva.
Con una mano la sostenía por la base, frotándosela de atrás para adelante, sin dejar de masticarla, disfrutando de esa excelencia hecha carne que parecía deshacerse en mi paladar. Que gusto me daba mamársela así, en aquel depósito, a media luz, furtivamente, sin saber siquiera como se llamaba.
Entonces hizo que me levantara y tomándome de la mano me llevó hacia aquella plataforma de carga y descarga.
-¡Te voy a coger toda mamita, te voy a reventar a pijazos!- me prometía.
-¡A eso justamente vine!- le aseguré, amasándole la verga mientras caminábamos.
Ahí de pie, apoyada contra la plataforma, levanté bien la cola y me preparé para recibirlo. Desde atrás el tipo me levantó la falda del vestido, me bajó la tanga y me metió primero los dedos, como para ir reconociendo el terreno. Luego, como todo macho que se precie de tal, sacó un preservativo de algún bolsillo, se lo puso y ahora sí, me la acomodó prestamente y me la fue metiendo de a poco, haciéndomela sentir en toda su extensión, a medida que me la iba ensartando yo suspiraba y me estremecía, anhelando tenerla toda ya bien enterrada dentro de mí.
Resoplando como un toro salvaje el tipo me la clavó hasta el fondo y agarrándome de la cintura empezó a cogerme con un ritmo brutal e impetuoso, sacudiéndome las nalgas con cada embiste, haciéndome delirar cada vez que me la metía hasta los pelos. Me llenaba toda con esa verga descomunal que me parecía sentir palpitando hasta en mis entrañas. Yo me movía con él, envainándomela toda cuándo me la sacaba, dejándome atravesar hasta lo más profundo, disfrutando cada clavada como si fuera la última.
Después de estar un buen rato dándome con todo, sin pausa ni respiro, me la sacó y me llevó hacia la escalera por la cuál se accede a la plataforma. Se sentó en uno de los escalones, y con la pija bien parada, me invitó a que me sentara sobre él. Me di la vuelta y dándole la espalda me fui acomodando encima de esa hermosa verga que no había decrecido ni un solo milímetro su imponente volumen. Apoyé la hinchada cabeza entre mis gajos y me fui sentando, sintiéndola avanzar, escuchando entre nuestros propios suspiros el ruido del látex resbalando por entre mis carnes. Me llenó de una vez con ese mazazo impresionante que tiene por pija, y ya con todo adentro empecé a subir y bajar, meciéndome con un ritmo lento y sostenido, sintiéndolo en plenitud, gozándolo, disfrutándolo, dejándome arrasar por esas sensaciones vertiginosas que solo una buena garchada te puede prodigar.
Tras un buen rato de incansable sube y baja, me levante hasta que se salió de adentro, y volviéndome a sentar me la acomodé ahora por el agujero de atrás, aquel que también parece tener un clítoris en su interior. Acomodé la pija en la entrada de mi culo, y me dejé caer con todo, sintiendo como arrasaba violentamente con mis esfínteres. Así, mientras iniciaba una nueva cabalgata, pero esta vez con mi colita como punto de inflexión, el tipo me agarraba de los pechos, apretándomelos, pellizcándome los pezones, retorciéndomelos con brutalidad. Sin detenerme agarré una de sus manos y la llevé hacia mi abandonada conchita, haciendo que me metiera adentro un par de dedos y me masajeara el clítoris, el cuál también reclamaba ya la atención que se merece.
Ahí, en esa posición, nos echamos un polvo de antología, fuerte, impactante, tanto es así que por un par de minutos los dos nos quedamos como en el limbo, disfrutando de esas impactantes delicias que ambos tanto nos merecíamos.
Luego nos levantamos y me llevó hacia arriba de la plataforma, tendió en el suelo unos cartones y haciendo que me recostara en ellos, de costado, se acostó detrás y me la volvió a meter, pese al polvo reciente todavía seguía bien duro y erguido, lo único que tuvo que hacer fue ponerse otro preservativo, y así, desde atrás, me volvió a dar con esa energía suya que tanto placer me dispensaba. Luego de unos cuántos ensartes y presagiando ya un nuevo e inminente final, le pregunte si quería acabarme sobre las tetas. Por supuesto que dijo que si, por lo que cuándo estuvo casi a punto, me la sacó de adentro, se arrancó el forro, y dándole un par de sacudidas volcó sobre mis pechos una lluvia bien espesa y caliente de esperma. Me encanta que me acaben encima, me excita sentir el semen derramándose sobre mi piel, filtrándose por cada uno de mis poros, si pudiera me bañaría en leche, en leche de hombre, ahogándome en la exquisitez que tal esencia me proporciona, y la de aquel sujeto era de la mejor cosecha.
Unté un poco con los dedos y me humedecí los labios con su semen, sonriéndole, agradeciéndole tácitamente el soberbio polvo que me había regalado.
-¿Cómo te llamas bonita?- me pregunto luego, mientras me vestía, dándome una palmadita en la cola.
-Lorena- le dije.
-Un gusto conocerte Lorena, yo soy Miguel- se presentó.
-El gusto es mío- le dije con una resplandeciente sonrisa.
Me acompañó hasta la puerta, y nos despedimos con un pico. Pero antes de salir volvió a pellizcarme la cola. Afuera el día estaba luminoso y radiante. No sé porque pero siempre esta así después de coger. ¿A ustedes no les pasa?

4 comentarios:

  1. hermosisima, esto en verdad está super caliente, escribe mas por favor que estoy esperando

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  2. HOLA MAMITA, QUE ENVIDIA ME DA ESTE AMIGO, NO SE PORQUE NO ME TOCO LA SUERTE DE VIVIR CERCA DE TI, ME ENCANTARIA PODER COGERTE DARTE COMO A TI TE GUSTA, Y MAS ME GUSTARIA HACERME UNA RUSSA CON TUS RICAS TETAS HASTA VENIRME SOBRE ELLAS.
    TE PIDO UN FAVOR PON UNA FOTO EN DONDE SE VEAN TUS GOMAS QUIERO VERLAS SIN NADA QUE LAS CUBRA, DEBEN ESTAR RIQUISIMAS.
    TE MANDO UN BESO EN CADA PESON.

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  3. Estaría genial que este chico de la empresa de transporte te lleve a la casa central donde estacionan los vehículos y tuvieras una fiesta con todas las pijas para vos sola.
    me muero de ganas de leerte en una "gangbang" como dicen en las pelis porno.
    besos preciosa,
    Martín de Uruguay

    p.d. ¿has visto alguna vez más a aquellos amigos de pablo que te cojieron cuando el estaba en cana?, creo que uno tenía un apodo de animal.

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  4. Transporto la sensación de poseerte hacerte su putita aquel día donde el sol resplandecía y llenaba e iluminaba tus bondades…así que cuando estas muy caliente dejas que te hagan de todo sumisa recibiendo lo mejor que tu galán de turno pueda ofrecer y saciarte con su goce extrayéndole sus suspiros fuerza y vigor por aquel momento de gloria que le das.

    Tu cuerpo saciándose de la fantasía que tenias con el tipo que mirabas al caminar siempre sabiendo que te deseaba y admiraba esa cola que contorneabas uff …aprende a manejar haber si te encuentro en mi ruta aunque estoy algo lejos.
    Todas las carreteras me conducen a ti…diosa LORE

    Besitos me Pones Cardiaco…No Lo Negare!!!


    LideralY =)

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